El precio de ignorar la herida | sobre en daño iatrogénico en las personas afectadas por el trauma 

Cuando una persona nos muestra su herida, es probablemente porque siente que podemos jugar un papel importante para sanarla. Ignorarla por prudencia o miedo, puede hacer mucho daño. 

Ayer me decía una mujer con la que estoy trabajando que yo tenía razón, que por mucho que tratará de evitarlo, todas las conversaciones nos llevaban a lo importante. Y que lo importante, tenía mucho que ver con los episodios dolorosos de su vida. 

«Intuyo que es tu cuerpo, que siente que es el momento de cuidar la herida», le respondí. 

Las y los educadores familiares conectamos NECESARIAMENTE con el TRAUMA. Pero ése trauma nos conecta directamente con los sucesos dolorosos de nuestra propia vida: el abandono, la violencia, el acoso, los duelos irresueltos, etc. 

Recuerdo ahora el caso de un compañero mío, al que tengo mucho aprecio, que estuvo trabajando hace poco con una mujer con cáncer terminal. En cada sesión revivía la muerte de su padre y su madre. La volvía a sentir en el cuerpo, con el sonido de los respiradores, el olor de la enfermedad, y el ronroneo de esa respiración que se apagaba.  

Se le podía ver sangrar el alma.  

El sufrimiento de las personas con quienes trabajamos conecta directamente con nuestro propio trauma, activando respuestas defensivas.

Sin embargo, no hace falta algo tan intenso o evidente para conectar con nuestra memoria implícita y que aparezcan nuestras partes defensivas 

Hace poco, durante una visita en la que conocí a dos chicas adolescentes, ambas comenzaron a cuchichear por lo bajito. Cosa, por otro lado, normal, teniendo en cuenta que había un adulto desconocido en casa proponiendo cosas raras; y saludable, porque estaban activando un recurso muy valioso: la unión y la complicidad ante lo que podían sentir como irritante o una amenaza. 

Sin embargo, yo lo recibí como un impacto en el pecho. Y me llevó a la rigidez. Ajeno a lo que estaba pasando, me sentí apartado y humillado. Porque su gesto, a pesar de ser muy inocente, y de no ir conmigo, me llevó e evocar las mismas sensaciones que tuve en mi propia adolescencia cuando me sentí marginado y atrapado en mi propio grupo de iguales.  

Al revés, nosotros, que somos figuras de autoridad pero también promotoras de cuidado, conectamos muchas veces con el trauma de la primera infancia. Con el doble-vínculo que pudo hacer tanto daño y desorganizar el cerebro de las personas a quienes atendemos. Y siendo como somos— figuras provisionales que, tarde o temprano terminarán su trabajo, es frecuente que sientan nuestro acompañamiento como una amenaza. Y que haya partes suyas que quieran conectar y sentir nuestro afecto y cuidados, y otras que quieran apartarse, hacernos daño, o demostrar que no nos necesitan.  

Y aquí entra cómo nosotros enfrentamos esa situación. Qué hacemos con esa HERIDA tan expuesta.  

Habrá profesionales que miren para otro lado. Qué se digan cosas como “eso no es cosa mía, sino de quien hace terapia”. O que se excusen en que “no quieren abrir una herida, para no hacer más daño”.  

Mi pregunta es ¿qué pasa con esa herida cuando se mira para otro lado? ¿qué sienten la parte comprensiva y la parte protectora?  

No soy experto en estas cosas, pero puedo hacer un ejercicio de imaginación.  

Intuyo que la parte comprensiva, la que se hace cargo de ser funcional y de afrontar el día a día, puede sentir que la parte protectora no tiene importancia. Que es un apéndice al que no merece la pena prestar atención, por ser estúpida, irracional o —peor aún— irrelevante.  

Y creo que la parte protectora podría sentirse apartada, relegada a un segundo plano, ignorada, etc. En definitiva, amenazada. Lo cual, le insuflaría más energía si cabe, para defender a esa persona a quién debe proteger, caiga quien caiga. 

Las partes son organizaciones funcionales de nuestro sistema nervioso que se corresponden con las redes neuronales que se activan según determinados estímulos. Tienen su propia edad, su propia memoria implícita, sus recursos, reacciones e incluso su propia concepción del ser humano y del mundo. 

En las personas más dañadas por el trauma, estas partes funcionan de manera autónoma, y sin apenas supervisión de otras partes.

Es fácil verlo. Cuando ignoramos la herida empujamos a la personamás si cabe— a un conflicto interno. Y en ese conflicto, en el que la persona que sufre se sitúa como espectadora de la lucha entre su parte comprensiva, que acepta, y la parte protectora, que rechaza, aparece un tercero. 

Este tercero juega sucio. Parece que está al servicio del autocontrol y la fuerza de voluntad, pero hace justo lo contrario. Es el sentimiento de culpa. Que dice a la primera que lleva razón, mientras espolea a la segunda, dándole justo el empujón para ganar la partida.  

Hablamos de DAÑO IATROGÉNICO cuando nuestras intervenciones, por ignorancia, pereza o desconocimiento, producen más daño en las personas para quienes trabajamos.  

Es un daño del que no nos percatamos, porque los síntomas aparecen más tarde, cuando  hemos desaparecido nosotros, es decir, la amenaza. Pero que, de sostenerse en el tiempo y no repararse, puede articular procesos de traumatización acumulativa o victimización secundaria. 

Hay muchas formas de generar este tipo de daño. Pero una de las más claras y evidentes es cuando se activa nuestro propio miedo, y evitamos mirar y cuidar esa herida, que sí o sí se expone, y la mayor parte de las veces con la esperanza de sanarse. 

¿Qué tipos de heridas sueles evitar?

¿Puedes ser la persona que tuvo que acompañarte en los momentos más difíciles de tu vida? 

Anda, déjame un comentario 😜 


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

3 comentarios en “El precio de ignorar la herida | sobre en daño iatrogénico en las personas afectadas por el trauma 

    1. Porque cuando nos sentimos culpables apelamos a la razón y a nuestra fuerza de voluntad. Y cuanto más tratamos de imponernos a nuestras partes protectoras más conflicto interno nos provocamos, y mayor desintegración en nuestra forma de funcionar ¿me he explicado bien? Gracias por tu comentario.

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  1. Pingback: Trabajar con disociación en intervención educativa familiar | propuesta  – educación familiar

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