Cuando un padre abandona

El abandono expone a sus hijos o hijas a un doble golpe, porque al dolor evidente se añade el sentimiento de no haber sido debidamente acompañado por los demás.

Aunque a priori pueda parecerlo, y la cultura popular tienda a estigmatizarlo como aberrante, el abandono no es necesariamente un acto egoísta y moralmente censurable. Aunque pueda sonar extraño, con frecuencia es una solución que algunos hombres articulan para evitar un mal mayor.

También hay mujeres que lo hacen. Sin embargo, por motivos de género, es más frecuente que sea una solución que articulen los hombres, por eso y para facilitar la lectura, hablamos de las figuras masculinas.

Sin embargo, implica una gran conmoción para toda la familia. Y un importante riesgo para los y las peques que, cuanto más jóvenes son, menos recursos tienen para comprender e integrar lo que ha pasado y lo que está pasando.

Cuando un padre abandona expone a sus hijos o hijas a un doble golpe.

Por un lado, el más fácil de entender y de considerar, tiene que ver con tomar conciencia de que el padre a quien se quiere y admira, con quien uno se identifica, ya no está. Ha desaparecido, y por mucho que nos esforcemos, no vuelve a aparecer.

El niño queda atascado en una situación de no escape. Y tiene, básicamente, dos opciones para gestionar su malestar. O bien, emprende una búsqueda real o simbólica del padre desaparecido; o bien destina muchos de sus recursos a apartar y mantener alejada esa parte que le conecta con la admiración y el cariño que un día sintió hacia esa persona, y en consecuencia con su propio dolor.

En el primero de los casos, se podrán observar emociones intensas. La rabia, como grito de dolor, o estrategia defensiva, que permite la huída hacia delante ocultando la tristeza y la vulnerabilidad. O la tristeza que, aunque a priori pueda asustar más, es la emoción que permite elaborar una narrativa coherente y conectar con los demás.

Pero, hay niños y niñas que no pueden permitirse esa expresión emocional. Bien porque saben que los adultos no están en condiciones de hacerse cargo de su dolor, porque están ocupados en cuidar de ellos, o porque sus experiencias de apego tempranas no les invitan a confiar en los demás.

Tenderán, entonces, a apartar lo que sienten para evitar tanto dolor. A desconectar la parte que les conecta con su propio sufrimiento o vulnerabilidad. Y tratarán, con mucho esfuerzo, de centrar su atención en el mundo exterior, obviando un cuerpo en perpetua lucha contra el cerebro para hacerle reconocer su activación y dolor.

Pueden parecer muy eficientes y alegres. Funcionar a la perfección, y dejar a todos los adultos tranquilos. Pero pueden aparecer síntomas que parecen ajenos a esta situación: trastornos obsesivos, hiperactividad, somatizaciones, alexitimia, adición a los videojuegos, etc.

Estos síntomas pueden interpretarse las soluciones que el cuerpo articula para expresar el sufrimiento y recuperar al padre que se perdió.

Hasta aquí el primero de los dos golpes. Ahora viene lo peor..

Porque el impacto no sólo afecta al niño, la niña o al adolescente. Sino también a las personas en las que confía y tiene alrededor.

A su madre. Que puede estar impactada por el suceso. Que ha perdido un compañero, un apoyo y que ve a su hijo o hija sufrir. Y que siente que su mundo se tambalea, que no queda nada a lo que agarrarse. Y a quien se le activan multitud de miedos relacionados con emprender sola los innumerables retos de la crianza.

Por mucho que se esfuerce por controlarse y no transmitir a sus hijos o hijas su malestar, es imposible hacerlo. Depende de cómo sea, puede tener crisis de enfado, de llanto, o ausencias en las que su mente vuele o se vaya a los problemas que ella misma tiene que resolver.

Es probable, además, que la familia extensa haga algo por protegerla.

En el caso de familias desligadas, pueden articular soluciones funcionales (dar dinero, hacer recados, hacerse cargo algunos días de los hijos, etc.), pero rígidas y con poca implicación [o evitación] emocional. Para la mujer que sufre y que espera más de los suyos, esto puede ser una decepción. Porque puede sentirse ignorada o apartada en el momento en el que más vulnerable y desgraciada se siente.

Las familias desligadas se caracterizan por los límites rígidos entre las personas y los subsistemas familiares, y la escasa resonancia emocional. Permiten una gran diferenciación, pero escaso sentimiento de pertenencia.

En el caso de familias aglutinadas, aparecen soluciones que tienen que ver con la activación de la fusión entre los individuos. No es raro que los abuelos invadan en domicilio familiar, y que sirvan de altavoz para las emociones de la madre y los hijos o hijas afectados. Sienten en primera persona lo que han pasado y articularán recursos de manera caótica, incrementando la sensación de inseguridad. A pesar de lo que pueda parecer, el resultado final es similar al descrito en el párrafo anterior, porque las personas que sufren se sienten solas y sin nadie que pueda hacerse cargo de su dolor.

Las familias aglutinadas se caracterizan por los límites difusos entre las personas y los subsistemas familiares, y una elevada resonancia emocional. Promueven un gran sentimiento de pertenencia, a costa de sacrificar la diferenciación.

Si hay hermanos o hermanas, no es extraño que ambos elijan soluciones diferentes o contrapuestas para la misma situación. Por ejemplo, uno puede optar por la rabia, otro por la tristeza, y un tercero por apagar sus emociones y centrarse en ser eficiente de cara al exterior. Es una buena forma de mantener un rol o una mirada destacada en un momento en el que los adultos están pendientes de importantes problemas que deben resolver.

Eso, en sí mismo, no es un problema. Pero puede (y suele) provocar conflictos entre ellos. Por ejemplo, el que se enfada y tira hacia delante, puede rechazar al hermano triste porque le conecta con su propia vulnerabilidad. El que está triste puede sentir frío y distante al que se ha desconectado. Y el desconectado como irresponsable o alocado al que utiliza la rabia para avanzar. Y así sucesivamente, creándose alianzas y contraalianzas, y un círculo vicioso muy difícil de interrumpir o reparar.

Este doble golpe es el que mantiene el duelo abierto. Sin elaborar. El daño que se recibe al sufrir un abandono y a no sentir como disponibles a las personas que deberían acompañar. Con el añadido de que se trata de una historia irresuelta, de la que falta el final.

Por eso es complicado intervenir en estos casos. Porque normalmente la familia convive con una narrativa en la que faltan importantes pedazos. Falta que lo importante no son las soluciones, sino que todos y todas se aprecian y se quieren cuidar. Que el sufrimiento nos hace centrarnos en nosotros mismos y olvidarnos de las personas a quienes queremos. Que las soluciones que cada uno ha articulado son las que deben ser y, por tanto, se deben respetar. Que el abandono es a menudo una forma de evitar más daño para uno mismo, y hacia los demás. Y que en estos momentos de desesperación e irrealidad cada uno ha activado lo que ha podido como mecanismo para protegerse y para proteger de una manera generosa a los demás.

Esto sólo es el inicio de la historia que vamos a elaborar.

Una narrativa resiliente permite integrar el dolor a nivel cognitivo, afectivo y corporal.

¿Lo hacemos?


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

4 comentarios en “Cuando un padre abandona

  1. Bibiana Alvarez

    El abandono sin haberse ido, físicamente hablando, es también muy doloroso , además de cruel y despiadado. No permite elaborar ese complejo duelo porque la herida está permanentemente abierta, sangrante y hasta infectada. Esta herida no se comienza a curar hasta que tú misma decides abandonar.
    En la infancia más temprana, haces lo que sea por mendigar atención, cariño, afecto, calor, comprensión y cercanía. Conforme vas creciendo y “entendiendo” los motivos de tanta violencia intrafamiliar y a pesar de temer las reacciones violentas de un padre ludópata, empiezas a rechazarlo y a desear que desaparezca. Te enfrentas a él. No sólo lo odias a él, sino también a tu madre por seguir soportando el infierno ; según parece ser “por ti y por tu hermano pequeño” ( encima te sientes culpable de ese lastre que soporta tu madre). Deseando y ansiando el día que ese abandono se haga real y harta de falsas amenazas de una nueva vida, me refugio en mi abuela y en los libros. Cuando crezco algo más y comienzo a salir, en muchas ocasiones me pongo ciega de alcohol en un acto desesperado de dormir mi consciencia, y al día siguiente me siento basura. Por fortuna, sigo teniendo a mi abuela y a los libros.
    Deseo profundamente salvarme, abandonar este barco a la deriva sometido a continuas y desgarradoras tormentas, y a falta de unos meses para la mayoría de edad , lo hago. Abandono y renazco. Lo hago, eso sí, con una profunda impotencia por dejar en ese infierno a mi hermano pequeño de 9 años. Pero tenía que abandonar para salvarme y no morir ahogada en ese naufragio.
    Gracias Gorka Saitua.

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  2. Regla Isabel Vargas Padrón.

    Gorka, excelente publicación sobre las consecuencias de lo que ocurre a los niños adolescentes y jóvenes cuando un padre abandona y además quiero enviarte algo para reflexionar.
    A mi padre
    Tú eres como una nube que yo no puedo alcanzar
    si fueras como la brisa que me abraza al despertar
    o esa estrella que ilumina en noches de oscuridad.
    ¿Acaso has olvidado que necesito tu amor, tus consejos,
    tus reclamos, también tu preocupación? porque con solo
    saberte ya estas en mi corazón.
    Para mi no es suficiente, saber que existo por ti
    pues al tomar decisiones yo no se ni que decir
    si estuvieras a mi lado yo sería más feliz, me sintiera más
    seguro y pudiera resistir la soledad que me embarga
    con solo pensar en ti.
    Alegrías y tristezas yo quisiera compartir, aunque
    pienses que ya es tarde aún no lo es para mí, pues
    siempre estaré esperando ese día tan feliz, en que pueda
    conocerte o simplemente decir lo importante que tu
    eres y siempre serás para mí.

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