Madres narcisistas | fracaso de la intervención familiar

Con las madres narcisistas no se puede trabajar. En su infancia no recibieron amor, ni una mirada validante, pero sí mucha violencia y manipulación. Personas a quienes se utilizó, y que ahora sólo saben y pueden utilizar a los demás.

Está feo decirlo. Pero hay perfiles con los que resulta prácticamente imposible trabajar.

Uno de ellos es el de las MADRES NARCISISTAS. Mujeres que presentan un trastorno de la personalidad que les impide conectar con la responsabilidad y el sentimiento de culpa. Y que priorizan acaparar la admiración del público, por encima de todo lo demás.

Hablamos de madres narcisitas, y no de madres y padres narcisistas, porque observamos diferencias de género en cuento a cómo este trastorno de la personalidad se manifiesta en hombres y mujeres.

Son mujeres que UTILIZAN a sus hijos e hijas en su propio beneficio. Para quienes los y las pequeños son poco más que un florero, una joya o un vestido. Es decir, algo de lo que presumir, y que les deja a ellas en buen lugar frente al resto de personas, a quienes sienten como competidoras o enemigas.

Todo vale para que ellas queden en buen lugar. Presionar hasta la extenuación a sus hijos e hijas, mentir, manipularles, amenazar con la expulsión, agredirles verbal o físicamente, o lo que sea. Con el añadido de son incansables. Por mucho que consigan sus objetivos no cesarán en su empeño, porque lo que realmente necesitan es cubrir un vacío que, por ese camino, jamás se podrá rellenar.

Pueden ser personas aparentemente colaboradoras con el educador familiar; y volcadas en sus hijos e hijas, pero hay algunos elementos que nos pueden ayudar a sospechar. Por ejemplo:

  • El análisis del genograma trigeneracional, en el que se observan dos cosas. Por un lado, relaciones objetales, es decir, que a ella, cuando era niña, se le haya tratado como “una cosa”, permitidme la expresión, de “usar y tirar”. Y la exposición a la manipulación y la violencia. Esto genera un caldo de cultivo en el que una persona se siente utilizada y con un vacío de amor, ante los que no se puede defender, con dificultades para distinguir entre el reconocimiento y el verdadero amor.
  • La ausencia de responsabilidad y de sentimiento de culpa. Son personas que utilizan la intervención familiar —al igual que el resto de contextos en los que se desenvuelven— como una oportunidad para hacer valer su valor y obtener la admiración de los demás.
  • El rencor, y la utilización de la manipulación y la violencia velada o explícita, cuando se les contradice o se sienten cuestionadas. Son personas que ven el mundo en términos de aliados o enemigos, sin matices. A los aliados se les explota, y a los enemigos se les destruye, dedicando mucho tiempo y recursos para ello.
  • La instrumentalización de los hijos e hijas. Es decir, utilizarlos como objetos para sus propios fines, de manera perseverante y sostenida en el tiempo, sin tener en cuenta los matices relacionados con su forma de ver el mundo y de sentir la realidad.

No es extraño que presuman de sus hijos e hijas, en términos de “el mío más”. Cuando alguien expone las cualidades de un niño, sienten un deseo irrefrenable de entrar en competición, y dejar claro que los suyos, su familia y, por tanto ella misma, son mejores y van a triunfar más.

Estos niños y niñas sufren un montón. No sólo por parte de su madre, sino debido a toda la estructura relacional. A fin de cuentas, estas mujeres suelen juntarse con hombres que, de alguna manera, cubren sus deseos y necesidades, pero que están dispuestos a sacrificar la sinceridad, el afecto sincerio y la intimidad.

Son niños y niñas sometidos a gran estrés, y sin una estructura relacional que les sirva para corregularse. Con expectativas muy elevadas y problemas para sentir a los demás. No es extraño que se conviertan en acosadores y acosadoras de sus compañeros. O, en el mejor de los casos, que desarrollen un síntoma que les permita conectar con los demás: somatización, depresión, extrema timidez, ataques de pánico, etc. es la forma que tienen de pedir ayuda a un contexto que sienten que los puede reconocer y contener.

Las madres narcisistas suelen elegir a uno de sus hijos o hijas para que juegue el rol de delegado, normalmente el primogénito. Este chico o esta chica se convierte en el “recipiente” que debe contener las cualidades que su madre le asigne: bondad, capacidad de estudio, excelencia en los deportes, belleza, etc. En caso de cumplir con las expectativas, se convierten en un “mono de feria” del que se puede presumir con los y las amigas, o en las redes sociales. Y en caso de fracasar, pueden sufrir sutiles formas de presión o violencia como, por ejemplo, la desconfirmación, que es la expulsión simbólica que se produce cuando una persona retira la palabra a otra, y actúa como si ésta no existiera.

Estos y estas “delegados” —acabo de inventarme el término—suelen ser chicos o chicas sometidas a una gran presión, con el añadido de que les resulta muy complicado defenderse en ese contexto relacional. A fin de cuentas, su madre es, para ellos, la personificación de la perfección y el poder, y se desvive para darles una vida excelente.

Otro de los hermanos o hermanas, normalmente el mediano o el más pequeño, suele ser utilizado como “chivo expiatorio”. Como la madre narcisista no puede asumir la responsabilidad ni la culpa, necesita a alguien cercano a quien atribuir todos los síntomas y males que pueden aparecer en la familia.

Lo lógico es, por tanto, que surjan importantes problemas entre los hermanos o hermanas. Porque uno puede asumir el rol de “niño bueno”, cumpliendo las demandas y expectativas de su madre, asumiendo el rol de protector y castigador; mientas que el otro o la otra sentirá un profundo odio hacia el anterior, porque le expone constantemente a compromisos que no se siente capaz de superar.

En caso de existir una demanda en relación a la intervención familiar, suele estar relacionada con el comportamiento del menor de los hermanos o, mejor dicho, del que tiene asignado el rol de “chivo expiatorio”. Sin embargo, no debemos olvidar que el chico o chica más dañado será, con una elevada probabilidad, el hijo o hija “delegado” porque, aunque aparentemente tenga una vida ejemplar, es un sujeto que no se ha podido diferenciar y, a no ser que algo ocurra, repetirá con sus semejantes y descendientes los mismos patrones relacionales que a él o ella tanto le han hecho sufrir.

A modo de ejemplo, este es el perfil de madres que suelen enrocarse en divorcios muy conflictivos en los que quedan muy afectados los niños, niñas y adolescentes a su cargo. Que no tienen reparos en utilizar a sus hijos e hijas como armas arrojadizas o como instrumentos al servicio de sus propios intereses y necesidades. Que les exponen a brutales conflictos de lealtad, en los que los y las peques tienen que elegir, desde la más tierna infancia, a quién deben pleitesía y lealtad.

A pesar de todo ello, los profesionales debemos ser justos con ellas. Y comprender que esta estructura de personalidad surge como la única forma de defenderse en un entorno vacío de amor y que se siente como peligroso y hostil. Como una estructura que permanece y permanecerá en el tiempo, a pesar de que las condiciones relacionales hayan mejorado, porque el trauma no distingue bien los contextos y, sobre todo, no tiene memoria temporal.

El narcisismo es una defensa contra un importante sentimiento de vació y vulnerabilidad. A fin de cuentas, si yo disparo primero, es más probable que sobreviva en un mundo en el que no se puede confiar.

Sin embargo, también debemos ser prudentes y cuidarnos entre nosotros. Porque, en sus versiones más extremas, es un perfil impermeable a la intervención familiar. Entre otras cosas, porque no hay arrepentimiento ni deseo de cambio, y porque presentan importantes dificultades para reconocer sus propios errores, porque al no sentir culpa, tienden a proyectarlos —arrojarlos— sobre los demás. Y porque, de darles la razón, alimentaremos su falso ego y su narcisismo, y de contrariarles nos habremos ganado una enemiga feroz que tratará de ajustar cuentas en una balanza retorcida, que siempre le dirá que tiene que dañar más.

Para quienes trabajamos en protección a la infancia son casos muy desagradables. Suelen ser personas con recursos y muy motivadas en lo suyo. Que pueden meternos en serios problemas si no nos andamos con cuidado y no tenemos apoyo suficiente para ejercer la debida autoridad.

Mi propuesta es que, identificado estos casos, se detenga cualquier tipo de intervención familiar. Salvo la destinada a valorar las competencias parentales y el daño provocado a los hijos e hijas. Porque es probable que la administración los tenga que proteger. Y que, de descubrirse maltrato o negligencia grave, no se dude en plantear las respectivas denuncias, porque estas personas sólo responden ante la autoridad.

¿Qué pensáis al respecto?

Gracias.

* Nota sobre la perspectiva de género: Este blog aboga por la igualdad entre hombres y mujeres. El texto describe una realidad a la que los educadores y educadoras familiares nos enfrentamos día a día. En NINGÚN CASO pretende NORMALIZAR o NATURALIZAR que las mujeres sean quienes predominantemente se hacen cargo de sus hijos e hijas.

Gorka Saitua

Autor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. Trabajo desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

10 comentarios en “Madres narcisistas | fracaso de la intervención familiar

  1. Bibiana Alvarez

    Pienso que lo has descrito a la perfección. Es verdad, son casos muy desagradables y dejan muy mal sabor de boca, generando mucha impotencia y hasta rabia en mi caso. Trabajando en un Punto de Encuentro Familiar, he visto algunos casos que cuadran con todo lo que expones, y si bien desde este servicio la intervención familiar está muy limitada, genera mucha frustración saber que no va a servir de nada derivarlos a un servicio especifico , por esa resistencia, impermeabilidad de la madre narcisista y altiva. Una putada para esos hijos/as , vamos.

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    1. Gracias Bibiana. El problema es que la intervención educativa en estos casos es contraproducente. Por un lado, los profesionales nos convertimos en herramientas que quieren utilizar a capricho. Y por otro lado, estimulamos su afición por crear escenarios. Tendríamos que preguntarnos cómo afecta todo esto a sus hijos o hijas.

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      1. Gloria Ló

        Ese es mi origen. Y sí, las coincidencias son prácticamente en un 99,99%, como si hubieras descrito mi ADN.
        Es un infierno del que es muy difícil salir y que, si no sales de ello, salta generaciones. Duele, duele tanto que olvidas tu infancia para no recuperla jamás y te tienes que alejar de las personas que crecieron contigo y que no supieron comprender que el amor es otra cosa.
        En fin, que mucho ánimo y mucha fuerza 💪 para los que trabajáis en intervención familiar, los niños os necesitan, sois los valientes guardianes de su infancia.❤️

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      2. Gracias Gloria. Por tu reconocimiento y por el valor de reconocer el primera persona el artículo. Y enhorabuena por haber resiliado, a pesar de unas condiciones de partida tan difíciles y dolorosas. Para las personas que habéis sufrido estas condiciones relacionales es muy importante poder establecer relaciones de calidad sostenidas en el tiempo. Te mando un abrazo para tus tutoras o tutores de resiliencia. Han hecho un buen trabajo 😍

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  2. heiditolderlund

    Tengo una madre narcisista jaja. Y ahora que soy adulta y despues de muchos años de trabajarlo en terapia, puedo decir “jaja”, porque cuando era niña la verdad es que he padecido bastante. Hasta el dia de hoy sigo trabajando algunas cuestiones de la relacion con mi madre con otro tipo de terapias…Constelaciones Familiares y Biodescodificaciòn. Y he podido ver cosas maravillosas. He tenido relaciones muy difìciles con hombres, hasta que dì con mi actual marido, que creo que apareció después de todo ese recorrido terapéutico. Mi hermana tambien ha sufrido mucho de niña, y tal es asì, que las dos tenemos problemas de fertilidad, y no hemos podido tener hijos a pesar de nuestros fuertes deseos. Creo que mi madre nos ha anulado como mujeres, ya que en su mente somos aùn dos niñas que giran alrededor de sus necesidades emocionales. Por eso voy por el camino de la adopción! Y me formo constantemente para transmitirle a mis hijos el menor daño posible. Por eso agradezco los artìculos en tu blog.

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    1. Gracias por tu reconocimiento. Es así, el núcleo de la estructura de personalidad narcisista suele ser que las personas no han sido vistas ni reconocidas nunca en su “ser” por sus personas de referencia, de manera que han construía su identidad basándose en el “tener” y en el acumular, tanto objetos como cualidades, creándose un personaje con el que no se llegan nunca a identificar. Para ellos y ellas tomar contacto con su vulnerabilidad es enfrentarse a la tristeza más grande, y al más puro vacío. Por eso hacen siempre lo posible por figurar como fuertes y competentes, y arrojar fuera la culpa y la responsabilidad.

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