Pedir permiso al bebé | claves de la crianza respetuosa

Gestionar bien las necesidades de distancia y conexión es clave para el desarrollo de un apego seguro en el recién nacido. Una anécdota.

Estamos bebiendo GinTonics —sin fruta a remojo— y comiendo «lacasitos». Que si poniendo a parir a éste, bajando del burro al otro, y dejando el mundo que ni Dios lo hubiera reconocido.

De repente, algo se ilumina en mi mente. Y todo se para.

—¡¡Coño!! ¡¡Lacasitos!! —grito.

—¿Qué dices? —responde alguno.

—¿Es que no lo veis? La-ca-si-tos —explico—. Se llaman así porque son marca «Lacasa».

Y veo cómo todo el mundo se lleva las manos a la cabeza.

—¿No me jodas que nunca lo habías pensado? —dice el silencio burlesco y un poco incómodo.

—Pues no —asumo avergonzado.

Y me pongo otra copa. Ésta bien cargada.

En mi casa llamamos «descubrición» a esto. A ese momento mágico en el que te das cuenta de algo que resulta evidente para todo el mundo.

Hace unos días estábamos mi mujer, mi hija y yo en un curso sobre masaje infantil. Era la primera sesión. Tras hacer una breve introducción, la educadora, que lo hace genial, nos habló de cómo pedir permiso al bebé para iniciar el masaje.

«Mira, le enseñáis el bote de aceite de almendras. Que vea cómo os lo echáis en las manos. Os frotáis las manos delante de su cara. Le ponéis las manos en las piernas, la tripa, o en la zona que vayáis a practicar el masaje. Que note vuestro calor. Y os fijáis en su cara. Sólo si os dice que está lista, empezamos.»

Y a mí, educador que presume de su formación en apego, me dio un vuelco el corazón y la cabeza.

—Pero si sólo tiene mes y medio —dijo mi cerebro izquierdo; el cabrón predominante.

—Calla, bobo, y tira de hipocampo, que la información la tienes —respondió mi córtex prefrontal.

—Sí, mira aquí está, el el libro tal, capítulo cual, versículo 258 —señaló el aludido.

—No me jodas que no lo habías tenido en cuenta —y el remordimiento llenó todo mi hemisferio derecho.

¿Pedir permiso a un bebé de mes y medio? ¿Alguna vez lo habéis pensado?

Pues es uno de los principios clave de la crianza respetuosa y para el fomento de un apego seguro.

Los bebés, al igual que los adultos, se sienten agobiados ante el contacto físico invasivo o no deseado. Se irritan cuando necesitan cercanía y el adulto no está disponible, pero también cuando necesitan estar “a su bola”, explorando, y el adulto les impone sus necesidades de cercanía y afecto.

Si las personas que cuidan de los bebés y las “bebas” —sé que no existe, pero me encanta esta palabra— no son capaces de modular su interacción en relación a estas necesidades de distancia-cercanía, pueden desencadenar irritabilidad en el bebé, y si las cosas no se corrigen a tiempo, podrían entrar en una dinámica circular peligrosa.

Por lo que sea —aquí cabe entre líneas un mundo— no capto bien las señales que mi bebé me envía. El bebé está irritable. Me responde de una manera que me desagrada. Mi sistema de apego adulto se activa. Por eso, me resulta todavía más difícil captar esas señales y responder al niño/a de manera contingente con lo que necesita. Esto irrita más al peque. Y tras cinco o seis vueltas nos vamos tomar por culo, y si me apuras, a la mierda.

En el caso de mi hija —que ahora tiene dos meses y medio— las señales que indica que quiere contacto y conexión interpersonal son bastante claras: se queda expectante, mirándote a los ojos; sonríe, patalea de alegría cuando se encuentra con tu mirada, etc.

E igualmente, la señales de que necesita “su espacio” están también claras: aparta la mirada, se queda inexpresiva cuando le acercas la cara, se chupa el puño, y por supuesto, se queja y a veces incluso llora.

Gracias a estas señales sabemos cuando es buen momento para cogerla en brazos, para jugar, o para dejarla que pase un tiempo “a su bola”. Mi compañera y yo hablamos mucho de eso. Y así nos vamos autorregulándonos para ser más conscientes de qué es lo que Amara —así se llama— necesita.

No siempre son señales claras. Pero ya sabéis, en la sutileza está la clave. Porque cuanto menos tenga que activarse ella, mayor seguridad irá desarrollando en el trato con nosotros y, en consecuencia, con otras personas.

No somos unos padres perfectos. Ni siempre se pueden hacer bien las cosas. A veces la realidad se impone, y te guste o no, caiga quien caiga, te vienes en el carro que no te gusta, te quedas un minuto sola o, vaya, te fastidias, que ya sabes cómo es la abuela.

Pero lo que sí vamos viendo es que la peque es cada día más capaz de regularse. Que de alguna manera va integrando que no es necesario llegar a un grado de gran activación —en cristiano: montar el pollo— para conseguir lo que necesita. Y nosotros estamos, claro, más tranquilos, y hasta las noches han vuelto a tener algo (un 0,0053%) del romanticismo de antes.

Educación_Familiar_Amara

Esta es la base de un apego seguro. De la autorregulación emocional. La confianza [seguridad] en que la persona que te cuida va a darte lo que necesitas. Vaya tema.

Y a mí… a mí, profesional de ésto, me extrañó la idea de “pedir permiso” a mi hija. Menudo desastre.

¿Quién me lanza la primera piedra? Estoy preparado.

 


Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua. Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com

Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

 

3 comentarios en “Pedir permiso al bebé | claves de la crianza respetuosa

  1. Marta

    Me encanta leer tus escritos, y aunque no suelo contestar, hoy, de nuevo me he dado cuenta que al leerlos, me sale la sonrisa,por su frescura que desprenden. En ellos nos comunicas y enseñas cosas “simples” que creemos saber y luego no aplicamos. Me encanta tu curiosidad y que compartas con nosotros experiencias personales tan íntimas e importantes.
    Mi primera piedra: Creo que tu bebá tiene muchas suerte porque tiene un padre humano y sensible, yo suelo decir que el David de Miguel Ángel es perfecto…. (para mí), pero es de mármol.
    Gracias Gorka

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  2. Bibiana Alvarez

    Vaya reflexión te has marcado, Gorka. Me quito el sombrero ante tu capacidad de autocrítica y tu anhelo por compartir estos pensamientos tan íntimos y personales. Es un hecho probado que la teoría es mucho más sencilla que la práctica en muchos aspectos , pero en la paternidad/maternidad es la complejidad absoluta. Yo siempre digo que ser padre y madre es la mayor escuela para crecer de verdad como persona, para experimentar una verdadera e intensa introspección y para sentir como nunca antes habías podido imaginar.
    Un abrazo Gorka, y gracias por estas riquezas en forma de letras.

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