Consejos prácticos para reforzar la relación con tu hijo e hija adolescente

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Te ofrecemos 6 claves para equilibrar tus competencias y sentirte más cerca de tu hijo o hija adolescente ¿Intuyes cuáles son?

“Begoña, madre soltera, dice estar desesperada ante el comportamiento de su hija Sofía, de catorce años. De la noche a la mañana ha empezado a tener comportamientos muy rebeldes: ha faltado un día a clase, y dos ocasiones ha dormido fuera de casa, sin avisar, y sin dar mayores explicaciones. Las notas han caído en picado. A veces ha llegado a casa claramente embriagada, con varios chupones en el cuello. Le preocupa mucho lo que hace cuando sale de casa, porque no cuenta nada. Anda además con unos amigos que a criterio de su madre, no tienen buen aspecto. Nos explica que ha intentado explicarle por activa y por pasiva cuáles son sus argumentos, pero tiene la sensación de que su hija “desconecta” y que sus palabras caen en terreno estéril. ¿Qué ideas se le pueden dar?”

Imaginamos que Begoña se siente impotente como figura que debe cuidar de su hija. Es muy difícil tratar de ayudar a alguien que rechaza nuestros intentos de acercamiento. En estos casos es habitual que estén presentes un montón de emociones muy difíciles de gestionar: tristeza, enfado, nostalgia por los hechos del pasado, rechazo, decepción, etc. Sentimientos todos ellos que cuando transcienden un determinado umbral pueden nublar nuestra capacidad para pensar, tomar decisiones y gestionar las relaciones con los demás.

Es habitual que muchos padres rechacen estos sentimientos, e pesar de que son del todo naturales. Digámoslo claro, a veces detestamos cómo se comportan nuestros hijos; sus actitudes pueden sacarnos de quicio. No obstante, detestar su comportamiento no significa quererlos menos. De hecho, cuanto mayor es nuestro amor por ellos, más importancia daremos a sus errores y equivocaciones, sobre todo cuando sentimos que pueden comprometer su relación con nosotros, o con otras personas que les quieren.

Estos sentimientos no nos hacen peores padres o madres, pero sí comprometen de alguna manera nuestra relación con nuestros hijos e hijas de una manera fundamental: nos distancian de ellos o ellas.

Es como si tuviésemos dos manos para criar y educar a nuestros hijos e hijas: la mano que vamos a llamar “Dura” y la mano que vamos a llamar “Blanda”. Si cuando has leído esto has anticipado ya cuál es el contenido del texto, quédate, seguro que te sorprendes.

LA MANO DURA

La mano “Dura” es la mano que dirige su mensaje hacia la parte izquierda de nuestro cerebro, que procesa el lenguaje y contiene el pensamiento lógico y racional. Seguro que te queda claro a qué nos referimos cuando veas al siguiente esquema:

Mano Blanda

LA  MANO BLANDA

Sin embargo, la mano “Blanda” dirige su mensaje hacia la parte derecha de nuestro cerebro, que procesa la información de manera más holística y que se relaciona con la vivencia de las propias emociones, y las relaciones que establecemos con los demás. Observa en qué consiste:

Mano Blanda

¿A que no era lo que esperabas?

Para que nuestros hijos e hijas se sientan “integrados”, y nos perciban como personas suficientemente seguras y estables como para confiar en nosotros y hacernos caso, es importante que exista un equilibrio entre ambas manos o formas de crianza.

No obstante, las emociones potentes tienen la habilidad de “desequilibrar ambas manos”. Por supuesto, llegados a este punto cada personas es un pequeño mundo:

  • Hay personas que, cuando se encuentran alteradas, tienden al caos. Su atención se centra en su mundo interno y sus preocupaciones. Anticipan sucesos desastrosos, y se sienten invadidas por emociones que les impiden pensar con claridad, lo cual repercute en que sus decisiones sean poco consistentes. Es probable que estas personas sientan una gran necesidad de volver a conectar con sus hijos e hijas, pero que sus nervios les lleven a ser demasiado invasivos o condescendientes con ellos, lo cual puede acrecentar paradójicamente la distancia entre ambos.
  • A otras personas, sin embargo, el estrés les afecta de manera muy diferente, y tienden a la rigidez. Al contrario del ejemplo anterior, su atención se centra en el mundo exterior, y tratan de resolver los problemas, perdiendo un poco de vista las emociones presentes en ellos y en sus hijos e hijas. Es frecuente que estas personas sientan una gran necesidad de resolver los problemas que tienen sus hijos e hijas, pero a menudo se equivocan en su análisis de la situación, por no haber tenido suficientemente en cuenta los sentimientos de los niños, niñas y adolescentes a quien cuidan. Además, seguros de que saben de lo que están hablando, insisten en sus soluciones, sin preguntarse demasiado si están siendo escuchados. Por caminos diferentes, volvemos al mismo resultado, la relación se resiente, y las personas se distancian, con lo que es mucho más complicado que llegue a calar el mensaje.

Nuestra pregunta para Begoña es: en momentos de estrés o elevada carga emocional ¿tiendes más al caos o a la rigidez? Y sobre todo… ¿qué crees que respondería tu hija?

Como podéis observar, en ambos casos queda comprometida la relación con nuestros hijos e hijas, y dejamos de ser un refugio seguro para ellos. Se sienten incomprendidos, forzados a hacer cosas con las que están en desacuerdo, o irritados por nuestra falta de sensibilidad para afrontar su compleja realidad y sus problemas. Así es improbable e incluso imposible que sientan la necesidad de exponer sus preocupaciones o curiosidad por cuál sería nuestro consejo. Ayudarles se vuelve tarea imposible.

RETOMAR EL EQUILIBRIO

Visto todo esto, podemos ofrecerte algunos consejos que pueden ser útiles tanto para ti como para muchos otros padres.

  • Desahógate. Pide ayuda a alguien en quien confíes y desahógate con él o con ella. Explícale cómo te sientes, y sé completamente sincera. Desahogarte te ayudará a minimizar la intensidad de tus emociones, y te facilitará retomar el control con mayor facilidad. Además, maximizará tu integración personal – las conexiones entre tu parte izquierda y la derecha de tu cerebro – por lo que mejorará tu capacidad para enfrentarte a estas dificultades en el futuro.
  • Conecta y redirige. Cuando te acerques para hablar con tu hija, hazlo con curiosidad. Da un rodeo, y evita afrontar directamente los problemas. Pregúntale cómo se siente, qué le preocupa… pídele permiso para ayudarle, y espera a que te lo dé para intervenir. Hazle saber que eres capaz de dedicar el tiempo que haga falta para intentar comprender cómo realmente se siente, y que eres perfectamente capaz de esperar a comprender la situación para comenzar a aconsejar. Recuerda atender primero a las personas, antes que a los problemas.
  • Busca el momento adecuado. Tan importante como atender a tu hija, y ayudarle a resolver los problemas, es encontrar el momento adecuado para hacerlo. Si tu hija se está dejando llevar por el caos o la rigidez, mejor que esperes a que nade por aguas más tranquilas. Cuando las emociones desagradables estén muy presentes, es muy complicado que pueda escuchar o pensar como lo necesita.
  • Haz preguntas. Si como cuentas antes ha habido varios intentos infructuosos de acercamiento, es probable que conciba tu presencia como insistencia, y afloren, de nuevo las emociones presentes en otros momentos: enfado, irritación, desprecio, etc. Pide permiso para hablar, y si te lo concede recuerda que las peguntas ayudan a aliviar esta tensión. Cuando nuestro cerebro superior (cortex) se activa, retoma su capacidad de controlar nuestras emociones (sistema límbico).
  • Considera el problema como una oportunidad. Recuerda que una de las formas más efectivas de aprender es a través del ejemplo, y que las emociones intensas ayudan a fijar los aprendizajes. Si sabes reconducir esta situación adecuadamente y con respeto, le estarás dando una lección que no se puede dar con sermones o explicaciones, por muy buenas que estas sean.
  • Olvídate de que te tiene que obedecer. Si hay algo que genera rechazo es la imposición de la autoridad. No estás con ella para obligarle a hacer las cosas como a ti te gustaría, sino acompañándola en su proceso de toma de decisiones para conquistar su autonomía.

Antes de terminar, permítenos que te recomendemos este excelente libro de Dan Sieguel. Es un libro fácil de leer, escrito para padres:

SIEGUEL, D. (2014). Tormenta Cerebral.  Barcelona: Alba Editorial.

Y no olvides lo que Hirukide (Asociación de Familias Numerosas de Euskadi) tiene que decirte. No es fácil explicar las cosas tan bien, y ellos lo han logrado:

¿Qué os ha parecido este artículo? ¿Os ha resultado útil? Recordar que nos motiva mucho que le deis a “me gusta”, y recibir vuestros comentarios. No perdáis la oportunidad!

Muchas gracias Begoña por escribirnos. Decirte finalmente que nos gustaría mucho saber si has puesto estos consejos en práctica, y conocer más a fondo tu experiencia. Recuerda que puedes volver a escribirnos a través del formulario de la web, al correo electrónico educacion.familiar.blog@gmail.com, o en el teléfono 946084319. Estamos encantados de seguir en contacto contigo.

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Gorka SaituaAutor: Gorka Saitua Soy Pedagogo. He trabajado desde el año 2002 en el ámbito de protección de menores de Bizkaia, en la Asociación Bizgarri – Bizgarri Elkartea. En 2016 comencé con el proyecto educacion-familiar.com que me apasiona. Para lo que quieras, ponte en contacto conmigo: educacion.familiar.blog@gmail.com
Este artículo pertenece al blog www.educacion-familiar.com, antes www.indartzen.com. Si quieres saber más sobre nosotros echa un vistazo a quiénes somos y síguenos en nuestras redes sociales Facebook y Twitter, somos @educfamilia.

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